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Hidden Figures

Actualizado: 20 de dic de 2019


Hace algunos lunes y todavía con resaca postelectoral escuchaba la radio mientras conducía al trabajo cuando me di cuenta de la falsa impresión que nos hemos creado, sobre todo durante los últimos años, acerca de todas las cimas que las mujeres hemos conquistado.

Escuchaba atentamente los resultados electorales cuando reparé en el hecho de que la totalidad de los partidos, con posibilidad real de liderar el país, tenían por cabeza visible o líder un hombre. Si bien es cierto que la prensa se hizo eco unos días antes del debate preelectoral protagonizado por mujeres, la realidad era que esa mañana ninguna de aquellas mujeres, que no entraré a valorar políticamente, tenía posibilidad real de ser presidenta.

Acto seguido llegaron las noticias deportivas las cuales anunciaban que la próxima Supercopa de fútbol se celebrará en Arabia Saudí, un país con escasas garantías democráticas y que, por supuesto considera a las mujeres, ciudadanas de segunda. Lo que más me llamó la atención fue la poca sensibilidad con la que abordaban la noticia y que incluso apostillaban que quizá a petición de la FIFA, por cierto, otro organismo internacional gobernado por hombres y para hombres, el gobierno saudí podía permitir entrar de las mujeres a ciertos partidos.

A punto de terminar con mí paciencia llegó la última noticia: la huelga de las jugadoras de fútbol de la liga profesional española. Un colectivo que lleva más de dos años luchando por la aprobación de un convenio colectivo digno que reconozca sus derechos y establezca unas garantías mínimas para poder seguir trabajando. Una de las cifras que no se me olvidarán fue la petición de establecer un salario-mínimo interprofesional de 16.000€ para al menos permitir la supervivencia de esta disciplina. En ese momento me comieron los demonios pues no paraba de pensar en las cifras estratosféricas que ganan los grandes astros masculinos del balón.

Estoy segura de que muchas de vosotras habéis estado ante noticias o realidades similares a estas y habéis sentido lo mismo que yo sentí esa mañana: rabia e impotencia. Sin embargo, lo más paradójico de todos estos casos es el bajo perfil que mantiene el otro 50% de la sociedad e imagino que sabéis a quién me refiero, ¿no? A los hombres. De hecho, ya ha pasado un tiempo desde ese lunes y ha sido curioso comprobar como muy pocos futbolistas hombres han dado apoyo a una reivindicación de sus compañeras mujeres, una reivindicación que en otros sectores nos parece obvia.

La política y el fútbol, al igual que los negocios, han sido y siguen siendo ámbitos extremadamente masculinizados en los que resulta muy complejo romper el statu-quo y en los que habitualmente las mujeres chocan con el conocido techo de cristal, ese que algunas de nosotras, ilusas, creíamos superado.

Escribo estas líneas para invitar a los hombres a que den un paso a delante, alcen la voz y reconozcan que como en la política, en el deporte y en el resto de los ámbitos de la sociedad hay un 50% de personas, las mujeres, que no juegan en igualdad de condiciones y, creo que en pleno siglo XXI no cabe duda de que la igualdad es cosa de hombres y mujeres.

A todos los hombres que nos leéis me gustaría deciros que ya no basta con quedarse al margen o intentar mantener una posición equidistante para con las cuestiones de género. El silencio genera cómplices y los cómplices perpetúan las injusticias. Por ello y hoy más que nunca es necesario que todos, hombres y mujeres, adoptemos conciencia de género, le perdamos miedo al feminismo y pensemos que juntos somos más fuertes que ayer y menos que mañana.


Escrito por Ana Liesa, Politóloga y Chief of Staff en Lean In Barcelona


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